Es la medianoche de Todos los Santos. Una única vela ilumina débilmente la habitación. Varias personas están sentadas en silencio alrededor de la mesa en cuyo centro hay un tablero rectangular; entonces, una de ellas habla: “¿Quién será el próximo presidente de México?” Las manos de un asistente se mueven lentamente sobre la tabla, y comienzan a formar la respuesta... Pero no queremos arrebatarle a nuestro lector la oportunidad de averiguarlo, con ayuda de su propia tabla ouija, por sí mismo.
No se necesita mucha ciencia –de hecho, ciencia es exactamente lo que no se necesita– para intentar comunicarnos con inteligencias que habitan en otro mundo... ¿Espíritus? ¿Demonios? ¿Extraterrestres?
Nuestro interlocutor convocado podría ser cualquiera de estos, si hacemos caso a las anécdotas de los creyentes usuarios del más avanzado dispositivo creado por el hombre para hablar con “El más allá”: la ouija –o güija, si se es un devoto de la Real Academia–, ese tablero con letras y números al que acompaña una especie de cursor en forma de corazón y con voluntad propia –como no hay que dejar todo en manos de los espíritus, hay que usar las nuestras para ayudar a mover lo conocido como planchuela.