El frente de la municipalidad de Madrid amaneció empapelada por un cartel de 15 metros de altura con la imagen de Cristiano Ronaldo casi en bolas, o en calzoncillos chiquitos, digamos. Semejante ostentación de cuerpo firme habrá resultado ofensiva para los empleados desprevenidos que a esa hora llegaban al trabajo con las medialunas de grasa y el cafecito en la mano. Así me sentí yo ayer, masticando mi pan de chocolate frente a la vidriera de una tienda que había colgado la gigantografía de una espléndida modelo en bikini (era un esqueleto de pollo, y no es envidia).
Qué desgracia, amigas: llega la temporada de calor y a quién le gusta mirarse en el espejo, el espejo de verdad, no ése que ponen en las tiendas para que te veas flaca y compres la ropa. Empieza el verano y desnudarse significa mostrarle al mundo que durante el invierno comimos cual bestias y que nunca pisamos el gimnasio. En el fondo uno sabe que la gravedad de la carne será una consecuencia “inhabilitante” a la hora de pretender un amor de verano, digo porque la competencia en la arena suele ser muy desleal. Y habrá que acercarse a la pileta con disimulo para que nadie te vea zambullendo de cabeza….